Pocas visitas al dentista generan tantas dudas como la de las muelas del juicio. Casi todo el mundo conoce a alguien a quien se las han quitado, y también a quien las conserva sin problema alguno. Entonces, ¿hay que extraerlas siempre? ¿Cuándo empiezan a ser un problema real? En la consulta del Dr. Javier Arias, cirujano oral y maxilofacial en Madrid, es una de las preguntas más frecuentes, y la respuesta casi nunca es un sí o un no rotundo: depende de cómo estén, dónde estén y de las molestias que provoquen.
En este artículo te explicamos qué son exactamente los cordales, por qué a veces dan tantos problemas, cuándo conviene extraerlos y cómo es hoy la cirugía de las muelas del juicio, mucho más predecible y llevadera de lo que muchos pacientes imaginan.
¿Qué son las muelas del juicio y por qué se llaman así?
Las muelas del juicio, o terceros molares, son las últimas piezas dentales en aparecer. Reciben este nombre porque suelen erupcionar entre los 17 y los 25 años, una edad en la que, teóricamente, se alcanza cierta madurez o «juicio». Cada persona tiene hasta cuatro, dos arriba y dos abajo, aunque no es raro que falten una o varias.
El problema es que la mandíbula humana ha ido reduciéndose con la evolución, mientras que el número de dientes se ha mantenido. El resultado es que, en muchos casos, no queda espacio suficiente para que estas muelas salgan bien colocadas. Cuando eso ocurre, hablamos de cordales incluidos o retenidos: piezas que quedan total o parcialmente atrapadas dentro del hueso o cubiertas por la encía.
Cordal incluido, semiincluido y erupcionado
- Erupcionado: la muela ha salido por completo y ocupa una posición normal en la arcada.
- Semiincluido: asoma solo una parte y el resto queda bajo la encía o el hueso.
- Incluido: permanece totalmente retenido dentro del hueso, a veces en posición horizontal o inclinada.
Cuanto más atrapada está la muela y peor orientada, más probabilidades hay de que genere complicaciones a corto o largo plazo.
¿Hay que quitarse siempre las muelas del juicio?
No. Esta es una de las ideas más extendidas y, afortunadamente, falsa. Una muela del juicio bien colocada, que erupciona correctamente, que se puede limpiar sin dificultad y que no interfiere con el resto de la dentadura no tiene por qué extraerse. Muchas personas conviven con sus cordales toda la vida sin ningún inconveniente.
La decisión de operar no depende de una norma general, sino de una valoración individualizada que combina la exploración clínica y las pruebas de imagen. Hoy, la ortopantomografía y, cuando es necesario, el TAC dental (CBCT) permiten conocer con precisión la posición de la muela y su relación con estructuras delicadas como el nervio dentario o el seno maxilar. Esa planificación es la que marca la diferencia entre una extracción sencilla y una complicación evitable.
Cuándo sí conviene extraer los cordales
Existen situaciones en las que retirar la muela del juicio es la opción más sensata para proteger la salud bucodental. Las indicaciones más frecuentes son:
- Infecciones de repetición (pericoronaritis): cuando la encía que cubre parcialmente la muela se inflama e infecta una y otra vez.
- Caries imposibles de tratar: los cordales mal situados son difíciles de limpiar y de restaurar.
- Daño a la muela vecina: un cordal inclinado puede empujar y dañar el segundo molar.
- Quistes o lesiones asociadas: alrededor de una muela retenida pueden desarrollarse quistes que reabsorben hueso.
- Apiñamiento o motivos ortodóncicos: en algunos tratamientos de ortodoncia se recomienda su extracción.
- Dolor y presión mantenidos: molestias que no ceden y afectan a la vida diaria.
Señales de alarma que no conviene ignorar
Conviene consultar con un especialista si aparecen dolor en la zona final de la arcada, inflamación de la encía, mal sabor de boca, dificultad para abrir la boca o dolor que se irradia hacia el oído y la mandíbula. En ocasiones, estas molestias pueden confundirse con otros procesos, como el dolor de la articulación temporomandibular, por lo que una valoración especializada ayuda a identificar el origen real del problema.
Cómo es la cirugía de las muelas del juicio hoy
La extracción de un cordal es un procedimiento habitual dentro de la cirugía oral y maxilofacial, y en la mayoría de los casos se realiza con anestesia local y de forma ambulatoria, es decir, el paciente vuelve a casa el mismo día. En situaciones más complejas o cuando hay que retirar varias piezas a la vez, puede recurrirse a sedación para mayor comodidad.
Gracias a la planificación digital, el uso de instrumental específico y las técnicas mínimamente invasivas, hoy las intervenciones son más rápidas, precisas y con un postoperatorio más sencillo. El objetivo siempre es doble: resolver el problema y proteger las estructuras vecinas, especialmente los nervios de la zona.
El postoperatorio paso a paso
Tras la cirugía es normal notar inflamación y algunas molestias durante los primeros días, que se controlan bien con la medicación pautada y frío local. Estas son las recomendaciones más habituales:
- Dieta blanda y fría las primeras 24-48 horas.
- Evitar enjuagues enérgicos, tabaco y alcohol los primeros días.
- Mantener una higiene cuidadosa de la zona según las indicaciones.
- Aplicar frío en la mejilla para reducir la inflamación.
- Reposo relativo y evitar esfuerzos intensos las primeras jornadas.
La mayoría de los pacientes retoman su vida normal en pocos días. Cuando la extracción ha supuesto una pérdida importante de hueso o se plantea una futura rehabilitación, el especialista valorará si conviene alguna técnica de preservación; sobre este tema profundizamos en el artículo dedicado al injerto de hueso para implantes dentales.
La importancia del especialista adecuado
No todas las muelas del juicio son iguales, y ahí está la clave. Un cordal profundamente incluido, en posición horizontal o muy próximo al nervio dentario requiere experiencia quirúrgica y una planificación minuciosa. El cirujano oral y maxilofacial es el profesional con formación específica para abordar estos casos con seguridad, así como cualquier lesión o quiste asociado que pueda detectarse en las pruebas de imagen.
Según la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial, la extracción de terceros molares es uno de los procedimientos más frecuentes de la especialidad, precisamente porque una indicación bien valorada evita complicaciones futuras.
Conclusión: valorar antes de decidir
Las muelas del juicio no son un enemigo que haya que eliminar por sistema, pero tampoco conviene ignorarlas cuando dan señales. La mejor decisión siempre parte de una valoración profesional que tenga en cuenta la posición de la muela, tu salud bucodental y tus síntomas. Extraer a tiempo un cordal problemático es mucho más sencillo que tratar sus complicaciones.
Si notas molestias en la zona posterior de la boca, inflamación recurrente o simplemente quieres saber en qué estado están tus cordales, pide una valoración con el Dr. Javier Arias, cirujano oral y maxilofacial en Madrid. Con un buen diagnóstico sabrás con certeza si es mejor observar o intervenir, y podrás tomar la decisión con tranquilidad.